Era de mañana un 'día de los muertos'. Las calabazas en este día no son cosa de los americanos. Mi abuela ya hacía sus lámparas con calabazas y una vela e iba a visitar a la vecina esa noche. No pedía caramelos.
Hoy no había níscalos. No había seta comestible alguna. Pero sí una serie de hongos preciosos y brillantes de procedencia y cualidades sospechosas, todos formando un círculo perfecto.
Yo sabía que era un círculo de hadas, pero el troll inocente se acercó para arrancar y observar alguna de ellas. Yo las protegí con mi vida. Era un troll testarudo pero inofensivo. Conseguí que no lo hiciera y lo eché del círculo.
Allí me quedé embelesada sintiendo la energía, queriendo que los seres feéricos me llevaran con ellos o al menos demostraran su presencia de forma física. No lo hicieron, pero yo los sentía. Un rayo de sol apuntó justo en el medio del círculo y me invitó a salir. No estaban muy receptivas después del paso del troll.
Iré otro día de puntillas.