El día siguiente se levantó nublado. Era sábado, y Pablo paseaba por el jardín, alrededor del castaño centenario, mientras recordaba la pesadilla de la noche anterior. Unas ramas gigantes de ese árbol lo cogían de piernas y brazos, y lo arrastraban hacia el tronco, como si quisiera engullirlo. ¡No, no! Cerró los ojos y, de repente, cayó sobre un montón de castañas, que se le clavaron en la espalda como algodones de piedra. Saltó al suelo y vio entre ellas una que no era de color marrón, sino dorado. La cogió y la guardó en el bolsillo izquierdo del pantalón. Qué sueño tan extraño, pensó.
Pablo chutaba los erizos vacíos donde los frutos del castaño habían brotado. De repente oyó un gritito. ¡Ah! ¡Oye, qué bruto eres! Pablo dio un salto hacia adelante y se agachó, buscando de dónde salía la voz de mujer. ¡Viene de dentro de una de las castañas! ¡Seguro! ....... " _______TO BE CONTINUED
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